Me dejo llevar por la provocación del color y el movimiento, que me conducen, por caminos que no había previsto y que cambian por completo la primera intención de la obra.
El Acrilico y las tintas me dieron unos contrastes muy interesantes, provocando pación y fuerza en la obra.
Confieso que esta serie de cuadros de 40×50 fueron creados bajo la influencia de un manojo de sentimientos de añoranza, soledad, ansiedad y miedo, ya que estaba recién llegada a Altea, España, iniciando mi reconstrucción en una serie de circunstancias totalmente nuevas para mí, tomando la decisión de dejar atrás toda una vida en la Ciudad de Mexico. Prácticamente me sirvieron de catarsis para restablecer un poco de paz, aceptación y equilibrio en mi alma.







